El viernes pasado, la Organización de Países Exportadores de Petróleo, que controla 40 por ciento de la producción mundial de crudo, decidió reducir dicha producción en 1,5 millones de barriles por día, a partir del 1 de noviembre.
La aguda caída de los precios del petróleo, debida a la reducción de la demanda causada por la desaceleración económica mundial, ha generado preocupación entre los productores, quienes estaban obteniendo cuantiosas ganancias. En julio, los precios del petróleo alcanzaron la cima de 145 dólares, mientras que la semana pasada llegaron a menos de 65 dólares, o sea una reducción de 55 por ciento.
En contraste, los consumidores están gozando los precios más bajos de la gasolina y los bancos centrales están menos preocupados por la inflación, lo cual les deja mayor margen de acción para lidiar con la crisis financiera y la consecuente desaceleración económica. Por ejemplo, en Estados Unidos, que consume una cuarta parte de la producción mundial de petróleo, el precio promedio de un galón de gasolina regular, el domingo pasado según el club automovilístico AAA, llegó a 2,70 dólares, en contraste con 4,12 dólares en julio.
Los mercados ignoraron el recorte de la producción de la OPEP, porque el receso económico está reduciendo la demanda. Según el Departamento de Transporte, en agosto pasado en Estados Unidos, los automovilistas manejaron 5,6 por ciento menos, o sea 15 mil millones millas menos, comparadas con agosto de 2007. Esta es la mayor caída registrada desde 1942, cuando principiaron a recopilarse estas estadísticas.
Mientras tanto, el espectro de la crisis asiática de 1997 anda merodeando por los salones donde se reúne la OPEP, trayendo recuerdos de cuando los precios del barril de petróleo llegaron a 10 dólares.
*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de CNN en Español TV y radio.
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